Bienvenid@ a este bosque nebuloso. Disfruta de tu estancia.

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lunes, 11 de octubre de 2010

Cuatro, cinco o seis

Baha se había levantado al amanecer para ir al zoco. El día anterior, su tío le había dado dinero para que comprara cinco asnos. Partió a pie, llevando consigo un poco de pan y algunas aceitunas que se fue comiendo por el camino. Al llegar al zoco, pidió un té a la menta.


Había muchos animales para vender. Ovejas, cabras, asnos, mulas, dromedarios y caballos estaban juntos y sufrían, como los hombres, por el calor agobiante, el polvo y las innumerables moscas. Baha pasaba de un
grupo de asnos a otro y se detenía a mirar los que le interesaban. Cuando elegía uno, le pedía al mercader que abriera la boca del animal para ver en qué estado se encontraban sus dientes. Luego regateaba el precio durante un buen rato.

Al mediodía, Baha poseía cinco asnos jóvenes y robustos, y con ellos se alejó del zoco muy satisfecho. En el camino de regreso, se sintió cansado. Montó sobre una de las bestias para descansar. Al cabo de un rato, tuvo la impresión de que le faltaba un asno. Contó los animales: uno, dos, tres, cuatro. Faltaba uno.
Volvió a contar y le seguía faltando uno. Muy disgustado, le dio al asno con los talones y se fue a la izquierda y a la derecha antes de mirar hacia atrás, sin vislumbrar al asno que faltaba.

De pronto vio a un felá(campesino) y le pidió ayuda.—He comprado cinco asnos en el zoco y acabo de perder uno —le explicó tristemente.
El felá contó en voz alta.
—Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. ¿Has contado el asno en el que estás montado?
—No —respondió Baha—, pero ¿cómo puedes encontrar seis si sólo he comprado cinco?
—Simplemente porque tú eres un asno entre los asnos —dijo irónicamente el felá alejándose.
Avergonzado, Baha siguió su camino con los animales y no le contó a nadie lo ocurrido.