Bienvenid@ a este bosque nebuloso. Disfruta de tu estancia.

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domingo, 25 de septiembre de 2011

Admirando el propio arte


Ante todo era artista, diseñaba y ejecutaba cada una de sus obras hasta que las consideraba perfectamente rematadas, empleaba toda la delicadeza que sus manos podían desplegar.

Gustaba de alcanzar el equilibrio entre el detalle y la improvisación; esto es: pergeñar un plan previo, desarrollarlo y a la vez dejar abierta la posibilidad de encajar nuevos de elementos, modificarlo a medida que evolucionaba la obra, tan importante como el resultado era la ejecución.  Consideraba que cualquier producto salido de su mente y de sus manos, cobraba vida propia desde el mismo instante de ser pensado y que, en consecuencia, tenía perfecto derecho a ser dinámico, a autodefinirse e introducir variantes, en una espiral de mayores cotas de profundización cada vez.


Los años le dotaron de la experiencia necesaria para alcanzar niveles progresivos de sofistificación, de armonía, de capacidad para recrearse con cada pequeño avance, pero a la vez necesitaba ir arriesgando más y más en cada obra, rompiendo las consideradas normas estándares, introduciendo patrones desconocidos.

Nunca llegó a contraer matrimonio por mantener la total convicción de que el vivir en familia le limitaría sus posibilidades de expresión, le mutilaría su única razón de ser; vivir para la creación.

Todavía no tenía definida su siguiente meta cuando aquella mujer se lo sirvió en bandeja, comenzó a buscarlo, a atosigarlo, pudo observar que se trataba de una chica inteligente, con cierta facilidad para calar en la naturaleza humana, aunque no tanto como ella consideraba, lo que le dotaba del grado de firmeza  justo para creer en sí misma, en sus inferencias y la transformaba en persona convincente, asentada en la cima de su sistema de valores.

Pablo sabía que si conseguía vencer sus recelos, que si lograba engañarla para que acrisolara en él la imagen del “hombre”, la partida se podía dar por ganada.

La fue dejando hacer, la indujo a pensar que le conquistaba el corazón, que lograba apartarlo del resto de personas para disponer de un espacio exclusivo, sólo para ellos dos; entonces dispersó las semillas que acabarían germinando en sueños para Alicia, se esmeró para dejar algún cabo suelto, un hilo que la llevase a pensar  que no todo era mágico (el exceso de perfección habría levantado sospechas), entre otras cosas le hizo creer que entre ambos existía una diferencia de edad considerable, que él era inaccesible (jugando con la certeza de que eso aumentaría el deseo de un contacto). Le fue dando una de cal y una de arena, jugando al si; pero no y al no; pero si, mostrando con calculada premeditación que en él se resumían todos sus deseos.

Andaba sumido en cuál sería su siguiente acción para aumentar el engatusamiento cuando, inesperadamente, se hizo la luz en la mente perversa de Pablo... “seguro que si le envío algún documento de Word acabará por descubrir que en “propiedades” aparece el nombre del autor, ahora me tengo que buscar a un autor que rece como el auténtico padre de mi obra de arte”... comenzó a repasar la lista de allegados para encontrar candidato, no tenía odios, sólo gente cuyo estilo de vida no compartía, y se paró en Pablo... en su tocayo y compañero de trabajo, necesitaba acceder a  su ordenador,  se acordó de aquella vez en que los colegas de foro habían emprendido poco menos que una santa cruzada para conocerlo, desde que comenzó a chatear se había cuidado mucho de mantener una aureola de misterio en torno a sí mismo, para así aumentar su grado de atractivo.

En un momento en que el otro Pablo estaba con los compañeros tomando café se conectó a su ordenador, entró en el foro de “novatos”, en ya.com,  buscó el mensaje.... copió y pegó en Word y lo guardó en un disquete que metió en su bolsillo.... “Pablo García, espero que te guste la broma, al menos durante unos días te van a tener entretenido, tu vida necesitaba un poco de distracción, demasiado monótona para mi gusto”.

Cuando comenzó a charlar con ella, como cada noche, no pudo evitar sentir cierto cosquilleo de placer en el estómago:

-        Mira, para que veas que no es nada personal, te mando una cosa para que leas, esto es todo lo que saben de mi en el chat...

Ella lo hizo con verdadero afán, absorbiendo cada palabra y –tal y como él esperaba- se sintió especial, privilegiada por poder charlar con un hombre tan esquivo.

Pasó los siguientes días ansioso, esperando que Alicia diera con el gran descubrimiento, hasta que la esperanza se fue desvaneciendo, al final no resultaba tan espabilada, por eso cuando se le abrió la ventanita del privado y leyó “por qué no me dijiste que te apellidabas Galindo?”,  sintió que el corazón se le salía del pecho, por fin, por fin había picado, “tenemos que hablar, abre el msn”.

Entonces le contó la vida de su compañero, que estaba casado, que tenía tres hijas, que llevaba una vida honrada como padre de familia, que ella no podía llamarlo bajo ningún concepto, que lo que más le sorprendía era que hubiera dado con su teléfono... “bueno, eso ha sido lo más sencillo, una vez que tuve tu nombre sólo tuve que buscar en las páginas blancas”, él no reparo en elogios para una mente tan despierta y alcanzó la cima del éxtasis cuando le anunció que guardaría la conversación...

Los días siguientes los dedicó a dejarse convencer de que tenían que verse, quedar para echar aunque fuera un solo polvo sin ningún tipo de compromiso posterior, citarse para matar el gusanillo sembrado a lo largo de los días. Pablo aparentaba debatirse entre el sí y el no, entre el terror a la infidelidad y el deseo incontenible, hasta que por fin cedió, para ese momento ya tenía perfectamente clara como sería su muerte, por una vez podría recrearse en la contemplación del cadáver de su víctima. Sabía que la pista que conducía a su compañero era endeble, que la policía la descartaría rápido, en cuanto hicieran pruebas de ADN, pero lo marearían un poco, se regodeaba pensando en los interrogatorios, en las dudas de su familia y compañeros de trabajo... “¿serán capaces esta vez de llegar hasta mi, el desconocido, maquiavélico y genuino autor?”.

Consiguió convencerla para que quedaran en casa de ella, nada más verse se fundieron en un beso sin final, hasta la cama llegaron desnudos y dieron rienda suelta a tantas horas de placer escrito, imaginado;  caricias, gemidos de placer, besos desgarradores y tiernos... todo con la pasión que él había intuido en aquella pequeña mujer de carácter vigoroso, la llevó hasta las puertas del orgasmo para que aumentasen sus ansias de penetración, se separó de su cuerpo un instante y la miró a los ojos, “me gustaría hacer algo que te va a volver loca, lo he recreado muchas veces, sólo tienes que obedecer mis órdenes y – puso un dedo en sus labios para que no hablase- no preguntar nada, ¿quieres?.... ¡shhhhhhht! Ya sabes; escuches lo que escuches, nada de hablar sólo di sí con la cabeza” -ella asintió-,  necesito tiras de sábanas, gasa o algo parecido y nata.

Alicia se levantó dócil a buscar las cosas, le excitaban las novedades aunque ya imaginaba la nata por todo su cuerpo y él lamiéndola, “tiéndete hacia abajo”, vendó sus ojos y le ató las cuatro extremidades a la cama,  “espera... no te pongas nerviosa mientras vuelvo,  mi amor” y depositó un beso en su frente. Fue hasta su mochila y preparó el taladro a pilas, le montó la broca del ocho, al volver a la cama lo situó en la mesilla de noche.

Llenó su cuerpo de nata, comenzó a recogerla con la lengua, alternando con besos menudos que la llevaban a estremecerse a medida que se aproximaba a su sexo, pasó la lengua suavemente por su clítoris, la hundió en su vagina a la vez que pasaba un brazo por debajo de la cintura  y la levantaba para tener mejor acceso, introdujo un dedo en su ano y otro en su vagina, los comenzó a mover rítmicamente, al compás de los lengüetazos cada vez más rápidos e intensos en el clítoris, el placer de ella le produjo una erección incontenible, pero más pensar en la trayectoria que iba a seguir la sangre, en el chorro a presión que saltaría, ella se retorcía de gusto, se agitaba y contraía convulsamente en la medida en que se lo permitían las ataduras, se sentía levitar,  incapaz de ubicar el foco del orgasmo inminente, toda ella era orgasmo... “Ahora, prepárate para lo mejor... no digas nada”, se puso un preservativo y la penetró con fuerza, con rabia, hasta el fondo, una embestida animal... cogió el taladro y lo aproximó, en marcha hasta su oído, contó tres mentalmente para no fallar,  mientras la sangre salía a presión del oído y le empapaba la cara de líquido caliente,  notó su propia eyaculación, brotando como una fuente... dejó que la broca penetrara hasta el fondo, ya no oponía resistencia, removió los sesos que comenzaron a salir sanguinolentos a borbotones espesos, mientras abría la boca para que el chorro de sangre le alcanzase de lleno cuando cesó de manar,  se dejó caer un segundo sobre aquel cuerpo sin vida para recuperar fuerzas se sentía agotado.

Al rato la desató y se encontró con una mirada que contenía todo el placer del mundo... ni siquiera se molestó en limpiar toda aquella sangría, sí los cuerpos,  se dirigió al armario hasta encontrar un traje de noche erótico, la fue vistiendo con mimo, luego la peinó y pintó... “ha quedado preciosa, realmente perfecta”... cómo a un delicado trofeo la llevó hasta la silla y la depositó frente al ordenador, sabía que el “rigor mortis” la mantendría en esa postura para siempre, tardó un buen rato en dar con el documento de Word, lo eliminó... entonces encendió la web-cam... y se aseguró de que ella quedase bien encuadrada, todo estaba listo para poder recrearse en la perecedeidad de su obra

Las siguientes noches las dedicó a observar, desde la comodidad de su cuarto, como se iba corroyendo el cadáver, primero llegaron las moscas, miles de ellas invadiendo cada milímetro de la cara, entrando y saliendo por la comisura entreabierta de sus labios, por la nariz... esperaba cada fase de putrefacción con ansia, la iba fotografiando... ¡ojalá pudiera llegar a hacerlo hasta que sólo fuera huesos!, pero una noche no vio nada, la conexión se había perdido... tenía claro que todo se había descubierto.

 Pudo sentir el horror que su asesinato estaba provocando a través de los programas morbosos de la tele, se sintió realmente orgulloso de su hazaña. Llegó temprano a la oficina, no le extrañó la actitud de pavor de sus compañeros, esbozó la mejor y más cándida de sus sonrisas y preguntó a Susana, su secretaria,  que a qué venía tanto aire de tragedia:

-        Pablo, ¿te has enterado de lo del asesino del taladro?

-        Algo he leído, sí.

-        Pues han detenido a Pablo Galindo como presunto asesino.

-        ¡Ja, ja, ja!, ¡no veas qué fuerte!, ¿quién iba a sospechar semejantes hobbies en ése abnegado y sufrido padre de familia?.

-        ¡No tiene ninguna gracia Pablo!, ¡no se puede ser sarcástico en momentos así!.

-        Bueno, bueno... no te alteres, ¿no ves que seguro que es inocente?, es imposible mujer, ¡venga menos dramas y más currar, que seguro que unos días lo tenemos de vuelta como héroe!.

  
Alicia Camacho

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